
El otro día había en la frutería unas sandías, de las que no llevan pepitas, a muy buen precio
eran sandías pequeñitas, y como a mi princesa le gustan tanto dije, bueno vamos a probarlas.
Lo cierto es que de color eran de un rojo intenso, pero de sabor, "ni fu ni fa", y pensando
en qué podía hacer con ellas, de la casualidad más grande que os podéis...